«Estos actores de obras inacabadas… ¿Diferencian «el partido» de su propia piel? o ¿Creen que son la misma cosa para servirse mutuamente?»
Chasco, desencanto, desilusión o frustradas ambiciones. Elegidos en las urnas que cesan antes de concluir su compromiso se van dando portazo. No es de recibo. Por supuesto que es imposible que en un partido político lluevan las designaciones a gusto de todos. En su seno quien más quien menos aspira a algo y sus fibras emocionales se alteran en mayor o menor medida según la fe, la pasión y la confianza depositada en ser el llamado, el elegido, con más o menos razones, con más o menos osadía, con más o menos criterio. El deseo es libre y la autoevaluación subjetiva.