Esta región no es apta para mujeres

«Cuando el diablo no sabe que hacer con el rabo se espanta las moscas»

En esta nuestra región se obvia tanto a las mujeres que hasta la Reina Isabel la Católica se remueve en su tumba.

En tiempos de crisis y de extrema seriedad exigible a los políticos, en cuyas manos hemos depositado nuestros destinos, estos, los señores trajeados, Presidente de las Cortes, Consejero de Educación y otras hierbas, no encuentran entretenimiento mejor que  presentar en el hemiciclo en el que se debaten, o debieran debatir los grandes temas de interés ciudadano, un libro que, por la reseña, parece de muy dudosa calidad pero de mucho «compañerismo» y sin ningún rigor historiográfico, tan solo una manifestación ad maiorem gloriam sobre como derrochar dinero público para hacerse una foto de media plana a todo color.

Y lo que es más grave aún, reducir a la única castellana/mujer que , con sus más y menos y sus menos, como todo gobernante varón, ha sobrevivido a la desaparición de las páginas de nuestra historia, rebajándola, en palabras del propio autor a «su gran amor y consejera» (del Rey Católico, a la que cornamentaba siempre que podía) cuando es unánimemente aceptado y por nadie rebatido que toda acción militar o  empresa comercial, se hacía bajo estandarte común de los Reinos de Castilla y Aragón.

¡Para nota!

La sabiduría del Rey Católico aplicada al mundo empresarial

Las Cortes de Castilla y León presentan el libro de Salvador Rus «Tanto monta…»Lecciones históricas de las decisiones de Fernando el Católico», que repasa las estrategias del monarca.

Ical – Valladolid

El Burka: Rotundamente ¡NO!

Para quienes aún llegamos a tiempo de conocer que la mayoría de edad era a los veintiún años y no a los dieciocho, que había cuerpos de funcionarias en los que las mujeres perdían el puesto de trabajo si se casaban, que el código penal justificaba al homicida que mataba a su esposa si la encontraba yaciendo en adulterio con otro hombre, que las mujeres necesitaban el consentimiento y la firma de sus maridos para administrar sus propios bienes privativos, que las casadas no podían abrir cuentas bancarias, ni concertar prestamos, ni mover fondos sin exhibir un poder notarial en el que el esposo las autorizaba.

Quienes hemos peleado duramente en público y en privado, y seguimos en ésta tarea de la igualdad que parece no tener fin e incluso dar marcha atrás, el debate sobre el burka suena ya a pitorreo. La musulmanía coloca a las mujeres muchos siglos antes de la edad de la razón y pone en muy grave peligro los logros conseguidos en materia de igualdad, renueva el terrorismo machista y patriarcal de instinto animalesco y cultivado en la fuerza de la violencia física y la sumisión.

Ni el burka ni el niqab (que solo deja al semidescubierto lo ojos) son de recibo en una sociedad democrática, igualitaria y en la que rigen leyes transparentes y del siglo XXI. Y no se puede apelar a la tolerancia ni al derecho de libertad religiosa ni de la propia opción. Intolerante es el que se traslada a vivir a otro país y pretende imponer su ley de origen. Cuando queremos visitar una mezquita, si lo permiten,  en muchas ni eso, las mujeres debemos cubrirnos la cabeza con alguna prenda. Para entrar en la basílica de San Pedro del Vaticano, hombres y mujeres debe portar pantalón largo. Son normas privadas de uso privado para entrar en recitos privados. El que quiera entrar debe respetar la norma.

Con independencia del peligro que atenta contra las mujeres españolas y europeas, aceptar el uso de estas prendas en lugares públicos supone crear alto riesgo de inseguridad ciudadana. En este país, en cualquier país democrático, nos vemos las caras, sabemos con quien estamos hablando, solo se cubren los atracadores, los terroristas y delincuentes, o disfrazados en fecha de carnaval.

No cabe debate alguno, la seguridad ciudadana de los hombres y mujeres de un país está por encima de todo argumentario enmascarado en términos de tolerancia. «Diario Palentino, 4 de julio de 2010!»