Trabajo, trabajo, trabajo


ricos y pobres“Mi carta de deseos para el nuevo año, trabajo para todo el que quiera trabajar”

             Nada hay más desolador que tener dos manos y una cabeza hábiles para realizar un trabajo y no tener dónde ponerlo en práctica. Asistir cada día a la vista de un hogar que se deshace, unos hijos que emigran para hacerse la vida dando lo mejor de su juventud; la ministra de tecnología alemana dijo haber encontrado en España una mina de jóvenes bien preparados. La tarea primordial de cada mañana de muchos españoles es salir a buscar trabajo, trabajan más buscando trabajo que trabajando propiamente, esos que dicen los portavoces de los empresarios que no quieren trabajar, solo ayudas; esas ayudas imprescindibles para sobrevivir en tierra de lobos, pero que minan el amor propio, la fuerza de voluntad y la fe en uno mismo. El liberalismo económico, fiel sirviente de bancos y grandes empresas, necesita mano de obra barata, mejor esclava, a ti te quiero y a ti no, como en un mercado negrero; contratos de horas mínimas con sueldos mínimos pero para cumplir horas máximas. Así tienen dónde elegir los panzones rellenos de chuletones y carísimo vino que solo saben apreciar por su precio. “Los españoles ya no tienen miedo a perder el empleo o a no encontrarlo”, para meterle una zapatilla sudada en la boca y apretar. Y, luego, la inspección de trabajo recibe instrucciones de destapar los trabajos negros, es decir la del chapuzas que pinta la casa del vecino y se gana unos eurillos para sobrevivir hasta fin de mes, o la del que hace un porte con su furgo de ex­autónomo para pagar el recibo de la hipoteca. Y, qué se encuentran los inspectores, empresarios con trabajadores sin dar de alta o haciendo jornadas maratonianas con un contrato de horas. Ese libertinaje en el mundo laboral es lo que buscaban los grandes capitales y eso es lo que les han facilitado los gobiernos conservadores europeos, el PP, en nuestro caso; cargar todo el peso en las costillas de los más débiles, porque el más débil no es el accionista de una multinacional, ni el rico cada vez rico a costa del sudor del pobre cada vez más pobre. Volvemos a empezar en una rueda sinfín de injusticia social en una tierra capaz de dar de comer a todas sus criaturas, pero víctima de hampones y avariciosos sin escrúpulos a la hora de apropiarse de lo propio y de lo ajeno, en forma, eso sí, de leyes que los cobijan. Trabajo, trabajo y cambio, por favor, pido al nuevo año.

«Diario Palentino, 04/01/2015»

El día uno empiezo…

cfb4a546e1b7cf259fdc2f7c0e63a332oA ser intolerante con quien me arrebata mis derechos y libertades.

             Es la máxima de estos días, casi como un mantra, el día uno empiezo…, se repite con la firme convicción de que va a ser cierto, y seguramente lo será, al menos durante unos días, o acaso meses. El día uno empiezo el régimen, el día uno comienzo a hacer diariamente mi tabla de gimnasia, el día uno…  voy a ser de otra manera, año nuevo, vida nueva, todo será distinto, de otra manera. Y como nos conocemos se lo contamos a los demás para afianzarnos y comprometer nuestra palabra con otros porque con nosotros mismos ya no nos funciona

            Al elenco de buenos propósitos que cultivamos estos días para el nuevo año, debiéramos añadir otros muy firmes de intolerancia extrema con los engaños descomunales que nos cuenta el gobierno del Partido Popular, con el pitorreo que se tienen a nuestra costa beneficiando a banqueros, eléctricas y otros amiguetes financiadores del partido o que les colocarán en sus consejos de administración.españa en crisis (10)[3] Intolerancia, con la burla que hacen de la Justicia para evadir las propias responsabilidades de su escandalosa y descarada corrupción, intolerancia con la cara dura de decir en Navidad que estamos en la recuperación, y decirlo con el cuajo y el descaro del que no ve al otro lado de la audiencia a las madres que acuestan a sus hijos a las seis de la tarde para que tengan calor, a los escolares que se retrasan porque no tienen libros, a los enfermos de hepatitis porque el dinero de sus medicamentos de salvación se fueron en sobres, óbolos y cuentas negras del Partido Popular, ni a ese millón de residentes en España que se han quedado sin atención médica, en un país, donde precisamente uno de los orgullos nacionales era la asistencia sanitaria universal y gratuita.

            Hasta ahora nos enseñaron a mostrarnos orgullosos de ser tolerantes. Ahora debemos reaprender a ser demócratas y a defender nuestra democracia siendo total y absolutamente intolerantes con quienes nos la están arrebatando mediante leyes que nos impiden hasta ocupar la calle, nuestra calle, las de los españoles; con los que desvían los dineros comunes a intereses propios; los que atentan constantemente contras las libertades ciudadanas a golpe de sanción y pelotazo; los que nos engañan con las palabras y los hechos; y para colmo, nos llaman corruptos; los que se cargan la cultura y el arte para evitar ciudadanos respondones.

«Diario Palentino, 28/12/2014»

 

Aventurando para el 2015

decoracion-mesa-muy-mediterranea-blanco-azul-L-j_Yf5x“El fin de los grandes partidos inmersos en la corrupción (PP) y en guerras intestinas (PSOE)”

             ¿Quién manda aquí?, pregunta burlona que nos hacía la monja cuando recurríamos sus órdenes injustas. La pregunta del siglo es: ¿Quién gobierna hasta el más diminuto resquicio de nuestras vidas? La respuesta no es tan sencilla, pero deja una cosa clara, nosotros no, los ciudadanos no, nuestro voto…, por supuesto que no.

            Por allá arriba hay políticos que elegimos y que no pintan una mona, están para decir sí, buana, a los destacados poderosos en Bruselas y Berlín, a los banqueros, a los lobbys de la electricidad, o a quienes les convencen con prebendas.

            Los viejos partidos, PP y PSOE, se habían estructurado para una democracia casera dentro de las fronteras familiares, la entrada en Europa trae competidores adustos, recios, indolentes e incansables que chocan con nuestro variopinto carácter latino, pesadilla para cualquier gobernante que lo quiera todo atado y bien atado en rígida una cadena de ordeno y mando.

            Nuevos partidos, como Podemos o Syriza, nacen con la vocación de hacer valer nuestro carácter y nuestros valores, que no son trabajar más y disfrutar menos. Andando el siglo veremos como la Europa del sur, tan envidiada como denostada por los países del Norte, va abriéndose camino en una economía propia y adecuada a los recursos naturales, productivos y humanos del Mediterráneo, nada se nos ha perdido en el Báltico.

            Si el desplome del nivel de vida vino con el euro, a medio plazo habrá que hablar del euro, analizar a quién ha beneficiado, quién gana y quién pierde, para exigir compensaciones. El sudor de los trabajadores de casa debe quedarse en casa. Y los jóvenes españoles no tienen por qué ir a dejar beneficios para goce y disfrute de las familias alemanas.

            Lo que queda de siglo aventura una revolución silenciosa. El voto de castigo a los partidos que han obedecido ciegamente consignas dictadas desde cumbres de poder que nos fustigan, va a ser monumental, un descalabro, es a lo que lleva la ineptitud y la inoperancia.

            Revolución pacífica pero contundente; política, porque hace falta que corra el aire y se lleve los ácaros; social, porque las laboriosas clases medias nunca mueren, están latentes y desarmadas pero son la base histórica de cualquier progreso social y democrático; religiosa, porque el nuevo Papa se lo ha propuesto; económica, porque así no se puede seguir. Un nuevo orden mundial se avecina. 

«Diario Palentino, 21/12/2014»

¿De verdad necesitamos tantas cosas?

«La educación debe recordar que el valor de una persona no está en su ropa ni en su móvil”

             Con motivo del importado made in USA Black Friday, o viernes negro de rebajas cuya extensión se hace peligrosa, da yuyu ver fotos y vídeos de gentes que se pelean, se pisan, se amontonan, madrugan y duermen en las aceras para entrar los primeros y agarrar objetos,  abrazarlos contra sí como si se tratara de sus propios hijos, de sus tesoros más valorados; televisores, equipos de música, ropas, calzado y otras variadas y prescindibles baratijas. A primera vista nos sorprenden esas masas informes de piernas, brazos, cabezas y manos superpuestas, en un puzle dónde es imposible descifrar qué miembro pertenece a qué cuerpo y cuál de todas las cabezas dirige la mano que se llevará la presa hasta la caja para pagar un precio reducido. Todo un triunfo. La victoria es para el más fuerte, para quién mejor y más desaforadamente pisa, empuja, da codazos y sopla enfurecido como una bestia cabreada despellejando al que se cruce. El hombre cazador. Es la condición humana.

            Y, todo ¿para qué?, pues, para tener más cosas en casa, para  no ser menos que nadie, para vivir de cara la galería, para ver mejor el fútbol, para que los niños no se sientan inferiores y puedan presumir de smartphone de última generación. Y, lo peor, con el tiempo los niños serán como los papás, vacuos, vanos, simples, se tirarán a matar para ganar más dinero y poder comprarse un coche nuevo cada cuatro años y más grande cada vez, porque su valor personal no serán sus capacidades ni sus cualidades ni sus valores, si no su poder adquisitivo y su enérgica manera de merendarse al que se suponga un obstáculo para lograr ese dinero que camuflará su miserable y acomplejado ego.

            Siempre hubo familias con raquitismo a causa de comer solo patatas durante todo el año para exhibir ropa de marca o ir de vacaciones unos días a la playa y poder contarlo. En los últimos años esta deprimente forma de organizarse alcanza niveles insospechados. La era de la abundancia nos igualó en un derroche inmoral y exhibicionista. Ahora la crisis ha hundido esos estatus basados tan solo en lo que se ve externamente. Qué lástima, nada dentro de esos figurantes puede suplir las carencias materiales; viven y sufren como huérfanos desvalidos intentando arrostrar su cada día como si nada pasara. Pobres gentes, pobres generaciones en marcha, sin dinero y sin cosas no son nada. 

«Diario Palentino, 30/11/2014»