¿Por qué se aplauden, señorías?

se apaluden“Que yo sepa a nadie se aplaude por hacer su trabajo, mucho menos si lo hace mal”

            Será por lo bien que lo hacen, será por lo bien que hablan, será por lo bien que nos explican lo que están haciendo con nuestra vida, con nuestra democracia, con nuestra sociedad, con nuestro futuro y el de nuestros hijos y descendientes más allá de varias generaciones venideras. “Qué será, será…,” que cantaba Doris Day.

            El Parlamento no es un teatro, aunque esté repleto de adiestrados faranduleros, ni tampoco un circo, a pesar de las piruetas que hacen algunos destacados equilibristas para distraer nuestra atención y distraernos la cartera, tampoco debiera ser un espectáculo de varietés en el que experimentados magos pretenden camuflar sus falsedades para que parezcan verdades a medias o mentirijillas y así aprovecharse del beneficio de la duda que se otorga a los delincuentes.

            El tan socorrido Reglamento de Funcionamiento de las Cámaras debiera incluir un apartado de obligada observancia en el que se prohíba total y absolutamente los aplausos, al igual que se prohíben los pitidos y otras muestras maleducadas e incorrectas de disconformidad. Que yo sepa a nadie se aplaude por hacer su trabajo y cumplir con su tarea, muchísimo menos cuando se hace tan rematadamente mal.

            Patéticos y penosos parlamentarios se jalean entre sí, vociferan, gesticulan, ovacionan y se alientan como en el circo romano en la lucha de los gladiadores, como en las gradas del estadio rellenas de furibundos hinchas. Y ¿por qué?…

            Porque carecen de oratoria, de verbo, de facilidad de palabra, de cultura, de formación, porque no saben hablar ni decir lo que quieren decir, porque se cuelgan de las palabras o las repiten insistentemente ante el temor de que se les escape lo que quieren ocultar, porque necesitan el calor de los aplausos de sus correligionarios para poder mantenerse en el estrado y darse un respiro sin ahogarse en las propias contradicciones y falacias de tantos años, toda una vida diciendo no y lo contrario.

            Por último, se aplauden a sí mismos porque no pueden salir de casa sin encontrar a alguien que les increpe o les recuerde para qué les tenemos ahí sentados, porque no hay nadie fuera del hemiciclo que les aplauda, ni tan siquiera en su casa. Si no fuera por el efecto maligno de su mal hacer darían pena.

Diario Palentino, 20/10/2013

 

           

El diccionario Planeta-RAE

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“Y es que las viejas instituciones son exactamente viejas, y machistas”

            Ahora también comerciamos con la lengua castellana. Una editorial se ha hecho dueña y señora de la difusión del castellano a través de la Real Academia Española cuyos textos edita y comercializa, de tal modo que la RAE aparece secuestrada por una empresa cuyo objetivo, cómo le es propio, consiste en el máximo beneficio económico, persiguiendo con amenazas legales y en términos barriobajeros a todo bloguero que osa difundir y comunicar referencias a los acuerdos de la Academia (véase interesantísimo blog www.elcastellano.org).

            Y es que las viejas instituciones son exactamente viejas. La Academia española capitanea, bajo la presidencia del Rey de España, el uso del idioma castellano sometiendo a una dura criba las propuestas de incorporación al lenguaje procedentes de las veintiuna academias asociadas que representan a otros tantos países y sus 450 millones de hispanoparlantes nativos.

            Así, por ejemplo, se niega a borrar la expresión: “trabajar como un negro”, según le ha sido solicitado desde Uruguay en una campaña: “borremos el racismo del lenguaje”. Muchos autores y escritores critican que la RAE utilice palabras cotidianas para llevarlas a definiciones de la religión católica, véase cielo («morada en que los ángeles, los santos y los bienaventurados gozan de la presencia de Dios») o espíritu  («don sobrenatural y gracia particular que Dios suele dar a algunas criaturas»). El retraso con el que la Academia incorpora términos de la ciencia, la innovación tecnológica, las profesiones, etc., conlleva el necesario uso de palabros de otras lenguas, configurando un castellano tan puro como trasnochado, involutivo y encorsetado.

            Si de machismo se trata el asunto es escandaloso. Crea la Academia Felipe V en 1714, pues bien, la primera académica es Carmen Conde en 1979, es decir 265 años después. Pero aún hoy, de los 46 académicos tan solo 7 son mujeres y para colmo ¿pagamos? una publicidad a todas luces sexista por un denigrante anuncio publicitario en el que se recomienda a una madre el Diccionario de la RAE en términos de detergente que limpia, fija y da esplendor, y ¿por qué no un fanático futbolero exhalando exabruptos desde la grada? Fácilmente podemos intuir que la venta del volumétrico diccionario en desfasado formato interesa sobre todo a la editorial. 

 

Circula por la red… «El nivel 33»

  Asunto: NIVEL 33
           Cada proceso electoral que se produce en este país conlleva generalmente un tsunami, cuyas consecuencias quedan aseguradas, para todos los altos cargos mediante lo que se ha venido a denominar coloquialmente “el nivel 33”.

           Cuando la ola  de las elecciones arrasa gobiernos nacionales, autonómicos e incluso municipales, y deja sin silla a secretarios generales técnicos, directores generales y altos cargos asimilados, se produce una inusitada actividad de los mismos por despachos, antesalas y pasillos en busca de un nuevo sillón.

       Sin embargo, si estos no conocen o no son conocidos y fueron altos cargos, pasan a convertirse en cesados y les espera, el complemento de alto cargo, que consiste en un mecanismo retributivo que les garantiza, de forma indefinida, la equiparación de sus retribuciones en su humilde puesto de funcionario a las propias de un Director General en activo, y ello aunque vuelvan a su labor de conserje, administrativo, maestro o técnico de cualquier Administración pública.

           El origen de tan generoso complemento está en el famoso artículo 33.2 de la ley 31/1990, de 27 de Diciembre, de Presupuestos Generales del Estado,  que dio lugar a que coloquialmente se denomina el “nivel 33”. Con posterioridad cada Comunidad Autónoma aprobó una ley similar para sus respectivos altos cargos, normalmente corregida y aumentada (mayor complemento para más ex altos cargos).

Después el Estatuto Básico de los Empleados Públicos incluyó
en su artículo 87.3 la extensión de tal beneficio del complemento de cesantía de altos cargos a los funcionarios que fueren cesado en puestos que comporten la situación de “servicios especiales” (situación que incluye al personal eventual, asesores de grupos parlamentarios así como concejales y directivos municipales que desempeñen el cargo en dedicación exclusiva…¡¡), según el cual:

“ … como mínimo, estos funcionarios recibirán el mismo tratamiento en la consolidación de grado y conjunto de complementos que el que se establezca para quienes hayan sido Directores Generales y otros cargos superiores de la correspondiente Administración Pública”


Por tanto, si en el conjunto de las Administraciones Públicas españolas puede haber unos 5.000 altos cargos, y cuando cesan todos ellos  llevan su mochila (hagan lo que hagan, o no lo hagan ), la carga que esto supone viene limitando inexorablemente los presupuestos de las Administraciones que todos los años deben dedicar un mayor esfuerzo para abonar las retribuciones de los que antes fueron ….. y ahora no.

Esto es:
1- AUSTERIDAD Y CONTROL DEL GASTO PÚBLICO

2- Y respeto por los princpios constitucionales de Igualdad. Mérito y Capacidad para los empelados públicos.

 

Mucha patria y poco pan

circo Botero“Nuestros gobernantes son ¿domadores o payasos?

            En las colas del hambre las madres lloran ¡otra vez! En las colas del paro, padres y madres abatidos no levantan cabeza, con el cerebro acorchado por la impotencia y el ánimo ausente por la desesperanza se sienten culpables de no poder mantener su hogar con el trabajo que “dignifica al hombre”, según enseñan todos esos jerarcas eclesiásticos que mantienen cálidos y confortables tantísimos y tan enormes edificios que no pagan impuestos, y que solo ven pasar por sus ostentosos pasillos hábitos y sotanas clericales en un ir y venir improductivo de mucho verbo y poco alma. Total son 13,5 millones de euros de nada lo que cada mes pasamos del presupuesto público a la Iglesia.

            El gobierno se jacta de la disminución de las cifras del paro mientras el INE publica las cifras de inmigrantes que se han vuelto a sus países de origen, sin contar la importante disminución de población carcelaria también devuelta a casa en una veloz operación de limpieza de centros penitenciarios, operación que seguramente no se ha hecho con la intención de dejar sitio para tanto mangante nacional como anda suelto.

            Un circo sin pan nos mantiene en la sorpresa cotidiana. Fabra y su amigo/traidor, machistas y mafiosos hasta el límite de un penoso espectáculo barriobajero. Un Rajoy, impasible, de puro hielo, que miente y se ríe cuando su pueblo sufre y los habitantes se le mueren de hambre, eso sí, mucha España en su discurso pero no la mira a los ojos, solo la sueña, para él no es una pesadilla, no quiere ver que es el Presidente de un barco que se hunde, que expulsa a la juventud y se queda con la vejez, que vende sus bienes y valores a las mafias especuladoras extranjeras, que empobrece la salud física y mental del pueblo regalando a los bancos los ahorros de muchas vidas dedicadas al trabajo y a la austeridad.

            Y lo más, es que no se avergüenzan de burlar a la justicia, de destruir pruebas de sus desfalcos, de trapichar con oscuros intercambios pasta/ contratos, de malgastar el pan de los españoles en vainas huecas para dar titulares de fantasía. Y los demás, todos quietos viendo en la pantalla la realidad virtual y en la mesa la real.

«Diario Palentino, 06/10/2013»

 

El síndrome del “nido relleno”

se quedan con mamá“¡Que pena!, la juventud del siglo XXI no puede levantar su vuelo libre”

        Hasta ahora un problema de muchas mujeres-madre entregadas a las tareas del hogar familiar, surgía cuando los hijos abandonaban el nido para emprender el vuelo libre de sus vidas. Desde siempre durante los primeros años de aprendizaje de independencia, internados, servicio militar, emigración laboral o universidad, los “tupper” de ahora, siempre antes conocidos como fiambreras, viajaban en el petate, en la maleta de cartón o en la mochila del joven casi adolescente, como una inextinguible continuación del cordón umbilical que nunca pierden las crías humanas con sus madres. Con el tiempo la “comida de mamá”  se distanciaba cuando el nuevo polluelo ganaba la independencia culinaria, ahora con Juan Palomo, más fácil de cocinar y especiada aunque mucho menos sana. C’est la vie.

            Como en los demás órdenes de la organización humana, la actual crisis económica, laboral, social y financiera, ha dado al traste hasta con el mencionado y antiquísimo síndrome del nido vacío para convertirse en su opuesto del “nido relleno”. Muchos de nuestros jóvenes no se van porque no tienen a dónde ir, sus opciones son tan escasas y contundentes como tener que elegir entre irse a tierra extraña con el desasosiego de sentirse expulsados de su grupo humano, sin tupperware ni mimos ni el calor de los paisanos y la tierra natal, o bien quedarse mirando al sol con la ingrata sensación de estar a cierta edad adulta gorroneando a mamá y a papá en cada movimiento de su vida, comida, ropa, calzado, ocio, habitación, etc.

            Pero el nido puede rellenarse aún más con los retornos de los que ya se independizaron, incluso puede que hasta formaran su propia familia ahora catapultada a la nada más absoluta. En la ajustada vivienda familiar hay que hacer sitio para alojar a la prole y a sus retoños, juntar ayudas, pensiones de los abuelos, sueldos rebajados y ahorros de seguridad para poder recoger y mantener a las víctimas inocentes del descabale político–social y del latrocinio financiero consentido y cobijado por la ley de la jungla liberal.

            En el nido relleno el malestar creado por la vivencia de que nadie está en su sitio viviendo su propia vida abarca a todos los implicados, acogedores y acogidos, porque al final como siempre, solo nos queda la solidaridad familiar.

«Diario Palentino, 29/09/2013»