Jesucristo que estás en los cielos

No soy creyente al uso ni lo pretendo, simplemente quiero seguir conservando, a ser posible, lo poco que queda de mi fe infantil en la humanidad solidaria, en las personas, en los discursos sinceros, en las buenas gentes que dirigen países, Estados y comunidades bajo el objetivo absoluto de hacer bien su trabajo para que los frutos se repartan con equidad.

Ese Jesucristo del que hablan los católicos, con sus deficiencias machistas y conformistas  que no supieron superar el reflejo de sus tiempos, fue no obstante el primero en anticipar un ¿atrevido? discurso  de igualdad entre todos los seres humanos. Vamos a dejarlo así de momento.

Lo que este sacrificado Santón no supo prever en sus profecías, era el desmán de lujo, egos, derroches e hipocresía a los que iba a servir de fundamento su mensaje. Ya sacó su correa y atizó a los mercaderes de su templo, pero fue tarea banal. Las jerarquías de las cumbres eclesiales no tienen el Evangelio como libro de cabecera, están más a los modelitos de la Sta. Pepis y a los diseños de estolas, bandas, borlas  y capellinas que al hambre de los pobres.

Con los ecos aún recientes del movimiento “Rebélate contra la Pobreza” que agrupa 116 millones de personas en un total de 100 países en lucha contra la pobreza por el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en una Alianza civil exigiendo justicia social, el Sr. Pontífice de los católicos, sin rasgarse las vestiduras y rodeado de todo lujo de costoso boato, osa desafiar la fe de sus creyentes y malgasta y hace malgastar millones de euros para darse un baño de multitudes que tanto halagan su Ego.

Millones de euros hurtados a los alimentos, a las vacunas infantiles, a la sanidad de los partos de las mujeres, a la alfabetización del mundo profundo. Sin cargo de conciencia y como si se tratara de un artista de Hollywood desfila, bendice, practica el besamanos en una descarada escenificación del olvido más absoluto del mensaje que perversamente manipulado “ad hoc” le ha elevado a ese fastuoso trono y poderío.

Comiéndose con sus excesos el pan de los pobres, se pasea por el mundo este hombre, un solo hombre, Benedicto XVI, que en palabras del ilustre teólogo Juan José Tamayo “ejerce su autoridad religiosa antidemocráticamente y la jefatura de Estado de la Ciudad del Vaticano con un poder absoluto superior al de los faraones egipcios, los emperadores romanos y los califas del Imperio Otomano. Poder que le otorga la nueva Constitución vaticana vigente desde 2001. «Diario Palentino, 7 de noviembre de 2010»

Jesucristo que estás en los cielos

No soy creyente al uso ni lo pretendo, simplemente quiero seguir conservando, a ser posible, lo poco que queda de mi fe infantil en la humanidad solidaria, en las personas, en los discursos sinceros, en las buenas gentes que dirigen países, Estados y comunidades bajo el objetivo absoluto de hacer bien su trabajo para que los frutos se repartan con equidad.

Ese Jesucristo del que hablan los católicos, con sus deficiencias machistas y conformistas  que no supieron superar el reflejo de sus tiempos, fue no obstante el primero en anticipar un ¿atrevido? discurso  de igualdad entre todos los seres humanos. Vamos a dejarlo así de momento.

Lo que este sacrificado Santón no supo prever en sus profecías, era el desmán de lujo, egos, derroches e hipocresía a los que iba a servir de fundamento su mensaje. Ya sacó su correa y atizó a los mercaderes de su templo, pero fue tarea banal. Las jerarquías de las cumbres eclesiales no tienen el Evangelio como libro de cabecera, están más a los modelitos de la Sta. Pepis y a los diseños de estolas, bandas, borlas  y capellinas que al hambre de los pobres.

Con los ecos aún recientes del movimiento “Rebélate contra la Pobreza” que agrupa 116 millones de personas en un total de 100 países en lucha contra la pobreza por el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en una Alianza civil exigiendo justicia social, el Sr. Pontífice de los católicos, sin rasgarse las vestiduras y rodeado de todo lujo de costoso boato, osa desafiar la fe de sus creyentes y malgasta y hace malgastar millones de euros para darse un baño de multitudes que tanto halagan su Ego.

Millones de euros hurtados a los alimentos, a las vacunas infantiles, a la sanidad de los partos de las mujeres, a la alfabetización del mundo profundo. Sin cargo de conciencia y como si se tratara de un artista de Hollywood desfila, bendice, practica el besamanos en una descarada escenificación del olvido más absoluto del mensaje que perversamente manipulado “ad hoc” le ha elevado a ese fastuoso trono y poderío.

Comiéndose con sus excesos el pan de los pobres, se pasea por el mundo este hombre, un solo hombre, Benedicto XVI, que en palabras del ilustre teólogo Juan José Tamayo “ejerce su autoridad religiosa antidemocráticamente y la jefatura de Estado de la Ciudad del Vaticano con un poder absoluto superior al de los faraones egipcios, los emperadores romanos y los califas del Imperio Otomano. Poder que le otorga la nueva Constitución vaticana vigente desde 2001. «Diario Palentino, 7 de noviembre de 2010»

"Si esa pañoleta es un signo religioso, está de más en un espacio público"

Llegó a mis manos y lo seleccioné para mis lectores porque estoy totalmente de acuerdo con sus reflexiones.

Democracia, velo y tolerancia

Amelia Valcárcel

Una niña quiere ponerse velo para estar en su casa. A nadie se le ocurriría afeárselo. Lo privado es privado. Cada quien en su privacidad es monarca. También quiere usarlo para ir por la calle. Consecuencia: la ciudad presentará más variedad cosmopolita. Para ir a la escuela. Aparece el límite y se produce el problema.

Se supone que la educación prima; es un derecho constitucional... Si esa pañoleta es un signo religioso, está de más en un espacio público.

Pero si esa pañoleta es además una marca sobre la moral particular que deben seguir las mujeres, una marca a su vez privativa de unas creencias particulares, está fuera de cuestión darle legitimidad.

La igualdad entre los sexos es principio constitucional de la mayor envergadura. No se tolerará la discriminación contra las mujeres. Su religión y su cultura le marcan un papel porque es mujer, con el que ella y los suyos están de acuerdo. Ella es un ser con deberes especiales, la decencia sexual y la obediencia que significa de ese modo… la libertad actual de las mujeres se ha construido al abolir tales marcas…

Porque las religiones son incompatibles surgió la primera forma de la idea de tolerancia. Holanda en el siglo XVII consagró el principio de que «cada ciudadano debe ser libre de observar su religión y que nadie puede ser molestado o interrogado por causa de su culto». Esto es, el Estado se hacía superior a las religiones y las declaraba privadas. El Estado aseguraba que las haría convivir sin que entre ellas se agredieran; en espacios distintos, naturalmente. Impedía el fundamentalismo.

Porque no es fundamentalismo creer mucho y con gran vehemencia lo que uno crea, sino pensar que la religión es una verdad tan perfecta que debe organizar el mundo completo, incluida la política… El fundamentalismo quiere organizar toda vida y convivencia.

Como el Estado no apoya a ninguna religión, sino que las protege a todas en sus espacios, privados, en los públicos, incluidos los educativos, no debe haber signos religiosos. Nos parecería raro y hasta enfermizo que un alumno insistiera en portar un crucifijo -de tamaño, pongamos, de una cabeza humana-, posarlo en su pupitre y procesionarlo durante los recreos. Puede hacer eso, si lo tiene por gusto, en privado o en su templo.

Los espacios definidos como públicos, en los que por ende se transmiten los valores que hacen posible la convivencia plural, no deben ser espacios de contienda. El Estado tiene, por deber de tolerancia, la obligación de mantenerlos libres de prácticas sectarias.

La libertad ha sido la consecuencia del rechazo de ese injusto y arcaico orden.

Amelia Valcárcel 22/10/2007.Catedrática de Filosofía Moral y Política de la UNED, es miembro del Consejo de Estado.

«Si esa pañoleta es un signo religioso, está de más en un espacio público»

Llegó a mis manos y lo seleccioné para mis lectores porque estoy totalmente de acuerdo con sus reflexiones.

Democracia, velo y tolerancia

Amelia Valcárcel

Una niña quiere ponerse velo para estar en su casa. A nadie se le ocurriría afeárselo. Lo privado es privado. Cada quien en su privacidad es monarca. También quiere usarlo para ir por la calle. Consecuencia: la ciudad presentará más variedad cosmopolita. Para ir a la escuela. Aparece el límite y se produce el problema.

Se supone que la educación prima; es un derecho constitucional... Si esa pañoleta es un signo religioso, está de más en un espacio público.

Pero si esa pañoleta es además una marca sobre la moral particular que deben seguir las mujeres, una marca a su vez privativa de unas creencias particulares, está fuera de cuestión darle legitimidad.

La igualdad entre los sexos es principio constitucional de la mayor envergadura. No se tolerará la discriminación contra las mujeres. Su religión y su cultura le marcan un papel porque es mujer, con el que ella y los suyos están de acuerdo. Ella es un ser con deberes especiales, la decencia sexual y la obediencia que significa de ese modo… la libertad actual de las mujeres se ha construido al abolir tales marcas…

Porque las religiones son incompatibles surgió la primera forma de la idea de tolerancia. Holanda en el siglo XVII consagró el principio de que «cada ciudadano debe ser libre de observar su religión y que nadie puede ser molestado o interrogado por causa de su culto». Esto es, el Estado se hacía superior a las religiones y las declaraba privadas. El Estado aseguraba que las haría convivir sin que entre ellas se agredieran; en espacios distintos, naturalmente. Impedía el fundamentalismo.

Porque no es fundamentalismo creer mucho y con gran vehemencia lo que uno crea, sino pensar que la religión es una verdad tan perfecta que debe organizar el mundo completo, incluida la política… El fundamentalismo quiere organizar toda vida y convivencia.

Como el Estado no apoya a ninguna religión, sino que las protege a todas en sus espacios, privados, en los públicos, incluidos los educativos, no debe haber signos religiosos. Nos parecería raro y hasta enfermizo que un alumno insistiera en portar un crucifijo -de tamaño, pongamos, de una cabeza humana-, posarlo en su pupitre y procesionarlo durante los recreos. Puede hacer eso, si lo tiene por gusto, en privado o en su templo.

Los espacios definidos como públicos, en los que por ende se transmiten los valores que hacen posible la convivencia plural, no deben ser espacios de contienda. El Estado tiene, por deber de tolerancia, la obligación de mantenerlos libres de prácticas sectarias.

La libertad ha sido la consecuencia del rechazo de ese injusto y arcaico orden.

Amelia Valcárcel 22/10/2007.Catedrática de Filosofía Moral y Política de la UNED, es miembro del Consejo de Estado.

Otra ocurrencia episcopal o la viga en el ojo propio

A los jerarcas eclesiásticos se les está yendo de las manos todo. La feligresía desconcertada no sabe a qué atenerse.

Tantos siglos de dogmas de fe impartidos a machamartillo y de papas que nunca se equivocan porque están investidos del don divino de la infalibilidad, y ahora salen por doquier espontáneos que no saben torear pero que llevan mitra como si fueran experimentados «maestros».

Desde Periódico La Jornada, nos llega el siguiente notición, pasen y lean:

Hay que perdonar a curas pederastas; no sabían lo que hacían:

Cancún, QR., 29 de marzo. Los curas pederastas merecen perdón porque no sabían lo que hacían, expresó Pedro Elizondo, obispo de la prelatura Cancún-Chetumal.

Hasta ahora nos damos cuenta por la ciencia y los estudios de las consecuencias de esos actos, que pueden afectar y dañar, pero antes no se sabía, comentó el religioso a los reporteros el domingo pasado.

“Lo hicieron por ignorancia, a lo mejor no sabían. En tal medida puede aplicárseles el precepto de Jesucristo ‘perdónalos, porque no saben lo que hacen’”, señaló…

Hugo Martoccia, Corresponsal