La rabia contenida (del clero atrapado en el celibato)

52143_n_27-06-12-11-03-03Ese clero atrapado en la consigna de la perversidad de la mujer

            La mujer es mala, encarna la perdición, os hace pecar, tentó a Adán con la manzana y perdimos el Paraíso, solo la Virgen María es pura porque es madre de Dios. Después de escuchar esta cantinela en sus diversas versiones y formatos durante un día y otro día año tras año en los seminarios, no me extraña que algunos clérigos digan tantas barbaridades, y otros muchos que las callan porque no ser correcto verbalizarlas. Bajo esas premisas la condena de la mujer está escrita de antemano.

            En realidad son pocas las voces incoherentes que lanzan proclamas extemporáneas y provocan más bien risa que rabia, aunque nunca se sabe el daño que a larga puede hacer el talibanismo religioso cuando se pone machacante y proliferan las mentes obtusas que se dejan embaucar. Veamos ejemplos: “Hay que quitar el voto a las mujeres porque hacen lo que quieren y piensan por su cuenta”, Monseñor Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares, y añade “el feminismo es un proceso de deconstrucción de la persona”. Por su parte, Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, asegura que «La mujer tiene una aportación específica, dar calor al hogar« y que «cuanto más varón sea el varón, mejor». Si de la libre maternidad se trata ambos se ceban como fieras rabiosas, el primero asegura que «La libertad de la mujer se corrompe con el derecho a decidir» y califica el aborto de «holocausto silencioso», el segundo remata que “la fecundación in vitro es un aquelarre químico». El divino de Alcalá, al que tiene inquieto el asunto de la entrepierna, resucita la monserga de llegar virgen al matrimonio y ante la realidad de la inexistencia de vírgenes a tal fin ha ideado cinco pasos para recuperar la virginidad. ¡Olé, olé!

            Pero a estos caritativos tolerantes no les molestan solo las mujeres también los homosexuales les quitan el sueño y además se les unen el obispo de Getafe y otro de Ciudad Real, esta fiesta contra las libertades y derechos personales se va animando. Al írseles los feligreses como el agua en una cesta llaman la atención de la carcundia que es lo que les queda. Hablan de respeto y no respetan, sermonean la caridad y la piedad pero envidian a sus ocho mil colegas emparejados que tienen un hogar y comparten su vida sentimental al calor de otro ser humano.

«Diario Palentino, 11/09/2016»

 

El burkini, toca madera

islam“El patriarcado atroz y extremo encuentra otro cauce de subyugación”

             No es un debate baladí, los argumentos sobre libertades y tolerancia centrados en que Europa debe ceder y tolerar para hacer honor a su bandera de valores no tienen en cuenta que desde la otra parte la permisividad con las costumbres occidentales es de cero rotundo. Para los hombres musulmanes las que vestimos pantalón corto y bikini somos directamente putas, date un paseo por el Jan el–Jalili en El Cairo y verás cómo te ponen.

            El radicalismo musulmán crece exponencialmente desde los últimos treinta años cuando las jóvenes de países africanos del entorno mediterráneo vestían a la occidental con toda normalidad. Ahora es imposible, hasta la europeizada Turquía de Kemal Ataturk marcha hacia atrás. Nawal Al Saadawi, escritora egipcia de 84 años, dice: ‘Mi madre era más libre que mi hija’. De hecho, entre las propias jóvenes radicalizadas se increpa a las que no se atienen a la rigidez del vestuario. La presión social interna no permite diferenciar las mujeres que se cubren por voluntad de las que lo hacen bajo coacción.

         En el torticero argumentario se pretende comparar la vestimenta musulmana con la de las monjas católicas, pero en el Islam se cubre a las niñas desde los doce años que aún no tienen libertad de elección. Las monjas se bañan en lugares públicos con bañadores al uso no con sus hábitos, y los eligen en edad adulta, ninguna presión social incide en su decisión ni a todas se nos obliga a vestir de monjas. También hay comparaciones del burkini con un traje cualquiera de neopreno, solo que éste no tiene simbolismo religioso ni propagandístico y su función es protectora, en una piscina resultaría antihigiénico.

            Mujeres intelectuales y cultas musulmanas, activistas del feminismo, diputadas, juristas y profesoras consideran ‘el burkini un retroceso, una degradación para la mujer y una falsa libertad bajo un patriarcado impuesto’. Véase la singular confusión sufrida por la inventora del burkini, Aheda Zanetti: ‘Me gusta ir detrás de mi marido, porque yo soy el motor, y elijo serlo. Quiero que él se lleve todo el crédito porque yo soy una triunfadora silenciosa.’ y ¡Olé!

          Cualquier novedad restrictiva de la libertad de las mujeres es contagiosa y nefasta a la larga para todas, y en el Islam hablar de libertad de las mujeres, aunque sea para vestirse suena a chiste de humor negro. 

«Diario Palentino, 28/08/2016»

Más vale hacerlo…

img150Escasea el goce de la perfección conseguida con esmero

            Hubo un tiempo no muy lejano, en que lo que se valoraba no era la cantidad si no la calidad, las cosas bien hechas, bien rematadas. Lo más próximo a la perfección tenía un valor inestimable, se aplaudía a la persona mañosa, al creador y creadora virtuosos que se enorgullecían de la obra conseguida a base de pasión, concentración, habilidad y un incalculable número de horas invertidas. Artistas en lo suyo, artesanos, buenos profesionales valorados y buscados pero también madres y padres de familia u operarios de toda índole cada uno en su función. Era la cultura de bien hacer. El tiempo de goce era el de la ejecución, mientras se estaba bordando, forjando, tallando o construyendo se vivía el momento del disfrute. Pero llegó la invasión de los dogmas economicistas y comenzó a ser indiferente que las cosas tuvieran más parte humana o más exclusividad o que estuvieran cargadas de las emociones de quien las creó, se trataba de hacer muchas, muchas cosas iguales, venderlas pronto y obtener beneficios rápidos. Los objetos singulares quedaron para los pudientes como símbolo externo de riqueza o autosatisfacción de poseer algo especial, porque lo bien hecho quedó relegado al ámbito de los especialistas en eso, en hacerlo bien.

            Precisamente, sobre el valor de poner amor en las cosas que hacemos a diario, especialmente las mujeres, trata un interesante libro de  Katrine Marçal titulado ¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? En su reflexión la autora analiza la invasión que hemos sufrido por parte del Homo economicus.  Adam Smith, padre de la moderna economía decía que ni el carnicero ni el panadero miraban por nuestro bienestar si no por su negocio, por supuesto que hoy parece una verdad de Perogrullo pero entonces era un enunciado novedoso, así Kastrine le apostilla y añade que Adam Smith cenaba cada noche gracias a que su madre le preparaba la cena, y no lo hacía por egoísmo, sino por amor.

            Expresiones populares como coge el dinero y corre, llámame perro y tírame pan, o más vale hacerlo que mandarlo hacer, dejan muy claro que lo que cuenta es tener cosas y dinero, tenerlo pronto y tener mucho, da igual cómo, o trabajar deprisa para salir corriendo. El placer ya no está en nosotros, sino fuera. Todo lo etéreo del ser afectivo y emocional sucumbe a lo que se puede tocar ¡Tan pobres somos!.

«Diario Palentino, 07/08/2016»

 

De salud y enfermedad

psique-cerebro-organoMédicos y bibliotecarios  ingleses prescriben lectura como terapia

            Buscar la inmortalidad, la eterna juventud  o la permanencia en la salud, forma parte del elenco de ambiciones humanas que propulsan el avance científico. Pero hasta que la comunidad científica internacional decide dar por bueno un resultado experimental pasan décadas en las que la humanidad se pierde los beneficios, incluso a veces lo que se concluyó como buenísimo se revisa como malísimo. Mientras tanto, creadores marginales experimentan polémicos métodos alternativos calificados como pseudociencia, que son más bien paraciencia.

            A pesar de las críticas de los inmovilistas, dieciocho universidades españolas ofrecen este verano cursos sobre estas nuevas expectativas que, como toda utopía, requieren un largo camino de verificación para ser admitidas en la ciencia reconocida. Se habla de programación neurolingüística, bioconstrucción, bioneuroemoción, biodescodificación, mindfulness y compasión, holística, bioarquitectura, bioelectromagnetismo, reflexología, etc…, todas bordeando la ciencia como un día lo fueran los estudios sobre inteligencia emocional, efectos psicosomáticos del estrés o cualquier avance en el funcionamiento del cerebro humano. A instancia de la Sociedad Española de Neurociencia, el año 2012 fue declarado como Año de la Neurociencia y en su texto decía: La Neurociencia nos informa sobre el fundamento de nuestras sensaciones, pensamientos y emociones, sobre nuestra conducta social, nuestra creatividad e inteligencia. Por tanto, la Neurociencia es fundamental para comprendernos como seres humanos”. La Optogenética, galardonada en la VIII edición de los Premios Fronteras del Conocimiento en Biomedicina de la Fundación BBVA, se basa en introducir luz en el cerebro vivo e intacto para ver la actividad neuronal, sus autores afirman que se podría intervenir en  “la codificación de los recuerdos, del control del sueño y de la vigilia o de cómo se regula la conducta sexual, entre otras”, toda terapia sería más efectiva actuando desde el lenguaje natural del cerebro. 

          Durante algunos años la praxis médica ha olvidado de que no solo tenemos cuerpo, ha ignorado que la enfermedad es el síntoma y ha obviado buscar directamente la causa en ese otro componente etéreo e invisible compuesto por el mundo de la mente, que somos todo uno y que los fármacos son solo la parte material de la terapia precisa.

«Diario Palentino, 24/072016»

 

Perdón, creyentes y ateos

iqvsfe_thumbSi te perdona Dios, te quedas tan a gusto que puedes volver a dañar sin culpa”

               Está demostrado que el ser humano es empático y altruista por naturaleza y es el entorno lo que transforma las conductas. Un bebé llora por mimetismo si oye llorar a otro bebé, pero un escolar puede ser asertivo o cruel por imitación de sus adultos. En la cultura cristiana se ha derivado la responsabilidad del daño pidiendo perdón a Dios en vez de a la víctima, con una sencilla penitencia se purga la culpa, e incluso se da la licencia moral de perseguir al malvado no creyente y sentirse mejor persona por haber contribuido a la causa,  «Es un fallo mental interesante», sostiene Decety. Tan gozoso es el proceso que el ciclo puede repetirse indefinidamente y seguir considerándose bondadoso y justo. Pero, llega de nuevo la maldita ciencia pateando axiomas ancestrales y con fiables estudios demuestran que los hijos de familias creyentes son menos altruistas y tolerantes, tienen mayor tendencia a juzgar a los demás con base en sus propias normas moralizantes y su condena hacia los otros es mucho más severa que si se trata de hijos de agnósticos o ateos.

               Racismo, xenofobia y persecución generalizada a quien no pertenece al propio club es la forma habitual de juzgar para curas y seglares que lanzan cada día sus consignas contra la libertad de las mujeres, contra los homosexuales, contra otras religiones, contra los inmigrantes, contra todo lo que se mueva fuera del control riguroso del corsé en el que se sienten tan ajenos a la culpa. Cuantas más pautas y estrictas normas de conducta contenga el dogma más fácil será recurrir a él para resolver todo tipo de problemas, desde los familiares o de pareja hasta para decidir el voto político. Un amplio manual con poder coercitivo moral evita tener que pensar, con lo que eso duele para algunas personas. De hecho más de sesenta estudios demuestran que ateos y agnósticos poseen mentes más despiertas para el pensamiento abstracto, para improvisar soluciones y resolver situaciones de dificultad beneficiosas para el grupo humano. Si bien se reconoce el poder balsámico de la fe para los creyentes en las situaciones de desesperanza,  la oración es un mantra relajante. La conclusión de los investigadores es quelas sociedades secularizadas son más pacíficas y generalmente más ‘sanas’ que las de aquellos países que se anclan en valores religiosos.

«Diario Palentino, 17/07/2016»