Demasiados insultos

            Estamos saturados de ruido. Para algunos políticos la democracia ha dejado de ser un bien preciado y respetado. Los insultos a destajo contra el gobierno son una absoluta falta de respeto para con los ciudadanos, las patrañas y las cifras manipuladas no lo son menos. No sé si es que estamos tan entretenidos entre Telecinco, el futbol y el resto de las pantallas que no nos damos cuenta de las auténticas barbaridades y la falta de educación de algunos voceros, quienes a falta de elegancia y una buena formación en oratoria tienen que recurrir al insulto y a expresiones soeces fuera de tono para llamar la atención y ser escuchados, aunque sea a base de escandalizarnos con su barriobajeza. Es lo que le ha sucedido esta semana al presidente del Partido Popular, quien cercado por la derecha con el discurso neocon de VOX, en su margen derecha-centro por Ciudadanos y desde sus mismas entrañas por la corrupción, ha activado el botón del pánico y se ha disparado con una metralla de improperios descontrolados nunca antes escuchados en tribunas históricas de la respetuosa democracia española. Pero no para ahí, cuando Alfonso Guerra iba a hablar de su libro se desató contra Pedro Sánchez. Felipe González se une al acoso y se constituye en principal valedor de quienes atacan a su propia familia política. Lo nunca visto. La consellera de Justicia catalana echa de menos de Rajoy, dice que era un estadista y que Casado se ha echado al monte. Otro vendrá que bueno me hará.  No me extraña que las mentes más iluminadas se aparten de los focos ante tanta bulla, que la espiritualidad vuelva a ganar terreno. Mejor retirémonos a meditar, a contar respiraciones, a rezar por la paz mundial. Tal vez mucha gente pensando bien emita buenas energías al ambiente y vuelva la razón a las cabezas enloquecidas por la ira, la rabia y sobre todo, por el miedo.

«Diario Palentino, 10 de febrero de 2019»

Sanidad Pública y derechas

          A lo que se tiene no se le da valor. Es como abrir el grifo y que salga agua, algo que debiéramos agradecer debajo de la ducha cada mañana. Lo mismo ocurre con la asistencia sanitaria. Ante cualquier conato de malestar podemos acudir a nuestro médico, pero no lo damos importancia. Nos convendría recordar esas películas americanas en las que una enfermedad arruina a las familias o en las que se expulsa al paciente del hospital cuando ya no dispone de recursos para pagar la factura. A eso lo llaman liberalismo económico, solo dinero, ni pizca de compromiso ni de humanidad. Desde la llegada del PSOE al gobierno en los años ochenta la sanidad pasó a ser de cobertura casi universal. Leía yo en Diario Palentino un estupendo reportaje, dice que de 200 sistemas del mundo, España está entre los tres primeros. Estaba, porque pronto caeremos al precipicio. Las causas del deterioro son multifactoriales: jubilaciones que no se cubren, nos hacemos viejos, se maltrata a los profesionales con unas condiciones de trabajo insoportables, 50 pacientes por médico, población dispersa, los médicos jóvenes huyen, cuesta mucho dinero formar a un médico, la nota de corte deja a muchos fuera de la universidad, y los que consiguen entrar son verdaderos héroes, se machacan durante diez años para llegar a tener su primer empleo y sueldos hirientes en comparación con los de tantos políticos inútiles. Pero sobre todo, lo que falta es voluntad de que se mantenga el sistema con su calidad. Las derechas quieren enviarnos a los seguros privados, que son sus empresas, que son sus patrocinadores, que son los que les financian. Si quieres tener peor salud, vota a la derecha. Pero, recuerda, hay que tener cuidado con lo que se pide, porque casi siempre la vida te lo concede.

«Diario Palentino, 27 de enero de 2019»

Queridos Magos de Oriente… 2019

           Y digo magos porque en la leyenda original no consta que fuérais reyes, después algún iluminado os añadió la sangre azul para daros pompa y linaje. En cualquier caso, es tanta mi preocupación que, con la misma emoción e intensidad con la que os escriben los infantes crédulos, yo pongo todo mi empeño en exponeros a renglón seguido mis tres peticiones, a saber:

  1. Que los ciudadanos, que saben leer y escribir, opten por dedicar unos momentos al día a pensar con juicio propio, que de verdad no duele y es muy sano. Que filtren lo que les meten por los ojos, por los oídos, por el wasap, por el Facebook, en la barra del bar, por los foros… Que se sienten en silencio veinte minutos en soledad y analicen el batiburrillo de información interesada que nos contamina los pocos valores de solidaridad, empatía y justicia que conservamos vírgenes en nuestras esencias.
  2. Que algunos políticos, aspirantes y/o candidatos, se caigan del caballo, que no se hagan daño pero que, como Pablo de Tarso, se den cuenta de que están en el camino equivocado al perseguir a las mujeres, a los diferentes, la libertad de expresión; que vean que es un error resucitar al que lleva encima un millón de muertos y pretender destruir el bienestar de la mayoría para enriquecer a unos pocos. Por favor, con vuestra magia haced que recuperen el juicio y se sienten a sentirse también, y con la mano en el corazón escuchen en palabras de su propia voz lo que están proponiendo y se les despierte el alma humana que tienen aletargada.
  3. Vosotros, Magos de Oriente, protegednos de quienes nos quieren convertir en esclavos ideológicos, mermar nuestros derechos más básicos y arrastrarnos a un escenario político violento porque en terreno enfangado el inmoral siempre gana.

«Diario Palentino, 6 de enero de 2019»

Camino de la nada

           En la Calle Mayor de Palencia, ese paseo porticado de ciudad castellana con tanta historia, cada día lucen más anuncios de “se alquila”, lo nunca visto. Un cartel con semejante mensaje solía durar uno o dos días y un nuevo negocio comercial se abría al público ¡qué tiempos! Se buscan las causas en las nuevas opciones de compro-devuelvo que ofrecen las grandes superficies y centros comerciales de municipios vecinos, se dice que los bazares chinos con sus productos de baja calidad minan el mercado de lo bueno; que la compra anónima otorga mayor libertad de decisión, porque nos da corte salir de la tienda después de que el vendedor se haya esmerado en presentar sobre el mostrador varios artículos con sus inmejorables cualidades. Y no hablemos de la rapidez de entrega y devolución de las compras online sin salir de casa y en los lugares más recónditos. Lo que ocurre al comercio tradicional palentino no se diferencia del de tantas otras muchas ciudades españolas y europeas. Lo que sí es un dato bastante preocupante, es el demográfico. Un reciente informe, basado en las estadísticas del INE, enciende una alarma que nadie ha parecido atender: 502 nacimientos por cada 1.000 defunciones. A ese ritmo, no solo la Calle Mayor morirá, si no la ciudad entera, y no digamos los pueblos ya moribundos. Pero, también para eso hay razones, y por encima de todas está la falta de oportunidades. ¿Dónde están nuestros hijos? Con suerte en Madrid o Barcelona, con menos suerte dispersos por las urbes europeas. Y si no hay trabajo no hay jóvenes, si no hay jóvenes en edad de procrear no hay relevo generacional, y así llegamos al cementerio castellano donde políticos patateros quieren que seamos pocos para que toquemos a más (miseria mental). 

«23 de diciembre de 2018»

Atracón de polvorones

          Vuelve la Navidad con sus luces y sus sombras. Tarjeta de banco en ristre y bolso en bandolera nos lanzamos a la calle dispuestos a cargar con mercaderías para comer y regalar. Son fechas estupendas para salir a consumir bajo la excusa perfecta de agasajar a nuestra gente y darnos el atracón. Adeptos y adeptas, ilusionados con cumplir la tradición, sacamos manteles y ajuares, un poco de la abuela y unas velas de IKEA. Ponemos el árbol, acaso el Belén y en la puerta un acebo con cartel de bienvenida. Después viene la fase invisible, la preparación mental para las juntetas en cenas y comidas familiares, porque la familia es una maravilla, y como reconocen, por fin, los psicólogos una maravilla llena de conflictos atragantados. A las pequeñas guerrillas medio afectuosas, medio competitivas que ya discurrían entre hermanos, se suman los cuñados, que vienen de otras maravillosas familias con sus propios ajuares dificultosos, lo que suele necesitar silenciosas operaciones de acomodo y añusgue para mantener la calma y no acabar tarifando. No digamos si hay pequeña prole de esa maleducada, consentida e irrespetuosa que viene ahora patrocinada por padres tan insoportables e indolentes como sus retoños, de tal palo, tal astilla. Pues sí, señoras y señores, siento derribar el mito de las macrofamilias felices. Si eso existió fue hace tiempo, cuando los niños respetábamos a los mayores y estábamos adiestrados en mantener nuestros caprichos regulados, y cuando un grado de tolerancia extrema y respeto presidia la mente de aquellos adultos maduros que sabían valorar lo importante: armonía y disfrutar. Si no hay voluntad de paz, mejor pocos y bien avenidos. Las obligaciones de sacrificio pasan factura en el cuerpo.

«Diario Palentino, 16 de diciembre de 2018»