Aventurando para el 2015

decoracion-mesa-muy-mediterranea-blanco-azul-L-j_Yf5x“El fin de los grandes partidos inmersos en la corrupción (PP) y en guerras intestinas (PSOE)”

             ¿Quién manda aquí?, pregunta burlona que nos hacía la monja cuando recurríamos sus órdenes injustas. La pregunta del siglo es: ¿Quién gobierna hasta el más diminuto resquicio de nuestras vidas? La respuesta no es tan sencilla, pero deja una cosa clara, nosotros no, los ciudadanos no, nuestro voto…, por supuesto que no.

            Por allá arriba hay políticos que elegimos y que no pintan una mona, están para decir sí, buana, a los destacados poderosos en Bruselas y Berlín, a los banqueros, a los lobbys de la electricidad, o a quienes les convencen con prebendas.

            Los viejos partidos, PP y PSOE, se habían estructurado para una democracia casera dentro de las fronteras familiares, la entrada en Europa trae competidores adustos, recios, indolentes e incansables que chocan con nuestro variopinto carácter latino, pesadilla para cualquier gobernante que lo quiera todo atado y bien atado en rígida una cadena de ordeno y mando.

            Nuevos partidos, como Podemos o Syriza, nacen con la vocación de hacer valer nuestro carácter y nuestros valores, que no son trabajar más y disfrutar menos. Andando el siglo veremos como la Europa del sur, tan envidiada como denostada por los países del Norte, va abriéndose camino en una economía propia y adecuada a los recursos naturales, productivos y humanos del Mediterráneo, nada se nos ha perdido en el Báltico.

            Si el desplome del nivel de vida vino con el euro, a medio plazo habrá que hablar del euro, analizar a quién ha beneficiado, quién gana y quién pierde, para exigir compensaciones. El sudor de los trabajadores de casa debe quedarse en casa. Y los jóvenes españoles no tienen por qué ir a dejar beneficios para goce y disfrute de las familias alemanas.

            Lo que queda de siglo aventura una revolución silenciosa. El voto de castigo a los partidos que han obedecido ciegamente consignas dictadas desde cumbres de poder que nos fustigan, va a ser monumental, un descalabro, es a lo que lleva la ineptitud y la inoperancia.

            Revolución pacífica pero contundente; política, porque hace falta que corra el aire y se lleve los ácaros; social, porque las laboriosas clases medias nunca mueren, están latentes y desarmadas pero son la base histórica de cualquier progreso social y democrático; religiosa, porque el nuevo Papa se lo ha propuesto; económica, porque así no se puede seguir. Un nuevo orden mundial se avecina. 

«Diario Palentino, 21/12/2014»

¿Es rentable bajar impuestos?

sobre-dinero-1024x682“Por bajo que sea, un impuesto es caro si no mejora la vida de los ciudadanos”

             La proximidad de las elecciones locales y autonómicas ha disparado en el Partido Popular la ansiedad por convencer al ciudadano de que bajar los impuestos nos beneficia porque ya “La crisis es historia”, dice Rajoy.

            Los impuestos son una puesta en común de fondos para conseguir proyectos que favorecen a la comunidad, así de simple. El meollo radica en su administración. Hay gobiernos sabios y capaces que consiguen devolver a la sociedad multiplicados los sacrificios individuales. Hay otros que vapulean las escuálidas nóminas familiares con impuestos que por una pésima administración se pierden en un oscuro y abrupto camino plagado de  corrupciones, amiguismos, malversaciones e injustas asignaciones otorgadas en beneficio de unos pocos. Tal es el caso que nos ocupa.

            El gravísimo error al que nos induce la propaganda de bajada o congelación de impuestos es hacernos pensar que si cada familia paga treinta euros menos al año los servicios públicos y sociales básicos se van a poder mantener o mejorar. De alguna parte tiene que salir la merma, sea en transporte urbano, educación, sanidad o asistencia social.

El dinero es como la energía que ni se crea ni se destruye, solo cambia de lugar o de formato, lo importante es darle un conveniente y eficaz destino. Pagamos gustosos para disfrutar de un bienestar, para que nos atiendan pronto y bien en el hospital, para que nuestros hijos puedan ser iguales a otros en posibilidades de formación, para que las personas mayores sean atendidas adecuadamente, para poder cobrar la pensión después de una larga vida de trabajo y cotización, para que las calles estén iluminadas y limpias o que las carreteras sean seguras.

Si nuestros dineros se descarrían hacia la ampliación de fuerzas antidisturbios destinadas a atacarnos si levantamos un dedo; o en manipulados desvíos como que el PP recibe en subvenciones 24,5 millones de euros, equivalente a la suma de once partidos; o en rescates millonarios de cajas de ahorro expoliadas por los mismos gestores políticos, o en sobres libres de impuestos, entonces nos están chuleando, los malos gobernantes comen a nuestra mesa cada día. Si las familias pagan el 90% de la recaudación fiscal, el 5% las empresas y el 2% las grandes empresas, los impuestos son injustos, unos pocos distraen lo que es de todos, se burlan de nosotros.

 «Diario Palentino, 14/12/2014»

¿De verdad necesitamos tantas cosas?

«La educación debe recordar que el valor de una persona no está en su ropa ni en su móvil”

             Con motivo del importado made in USA Black Friday, o viernes negro de rebajas cuya extensión se hace peligrosa, da yuyu ver fotos y vídeos de gentes que se pelean, se pisan, se amontonan, madrugan y duermen en las aceras para entrar los primeros y agarrar objetos,  abrazarlos contra sí como si se tratara de sus propios hijos, de sus tesoros más valorados; televisores, equipos de música, ropas, calzado y otras variadas y prescindibles baratijas. A primera vista nos sorprenden esas masas informes de piernas, brazos, cabezas y manos superpuestas, en un puzle dónde es imposible descifrar qué miembro pertenece a qué cuerpo y cuál de todas las cabezas dirige la mano que se llevará la presa hasta la caja para pagar un precio reducido. Todo un triunfo. La victoria es para el más fuerte, para quién mejor y más desaforadamente pisa, empuja, da codazos y sopla enfurecido como una bestia cabreada despellejando al que se cruce. El hombre cazador. Es la condición humana.

            Y, todo ¿para qué?, pues, para tener más cosas en casa, para  no ser menos que nadie, para vivir de cara la galería, para ver mejor el fútbol, para que los niños no se sientan inferiores y puedan presumir de smartphone de última generación. Y, lo peor, con el tiempo los niños serán como los papás, vacuos, vanos, simples, se tirarán a matar para ganar más dinero y poder comprarse un coche nuevo cada cuatro años y más grande cada vez, porque su valor personal no serán sus capacidades ni sus cualidades ni sus valores, si no su poder adquisitivo y su enérgica manera de merendarse al que se suponga un obstáculo para lograr ese dinero que camuflará su miserable y acomplejado ego.

            Siempre hubo familias con raquitismo a causa de comer solo patatas durante todo el año para exhibir ropa de marca o ir de vacaciones unos días a la playa y poder contarlo. En los últimos años esta deprimente forma de organizarse alcanza niveles insospechados. La era de la abundancia nos igualó en un derroche inmoral y exhibicionista. Ahora la crisis ha hundido esos estatus basados tan solo en lo que se ve externamente. Qué lástima, nada dentro de esos figurantes puede suplir las carencias materiales; viven y sufren como huérfanos desvalidos intentando arrostrar su cada día como si nada pasara. Pobres gentes, pobres generaciones en marcha, sin dinero y sin cosas no son nada. 

«Diario Palentino, 30/11/2014»