Los vericuetos del lenguaje jurídico son inescrutables:
Ídolos y crisis
“Y es que parece que cuando el propio vivir no resulta interesante hay que simular ser otro”
En tiempos de zozobra e inestabilidad todos los seres de la naturaleza viva nos sentimos inseguros, es el momento del renacer de los ídolos, profetas y santones iluminados y encarnados en quienes son capaces de quitar hierro al miedo y pintar un paisaje diametralmente opuesto al temido o inventar paraísos futuros frente a la cochambre reinante. Sigue leyendo
Ídolos y crisis
“Y es que parece que cuando el propio vivir no resulta interesante hay que simular ser otro”
En tiempos de zozobra e inestabilidad todos los seres de la naturaleza viva nos sentimos inseguros, es el momento del renacer de los ídolos, profetas y santones iluminados y encarnados en quienes son capaces de quitar hierro al miedo y pintar un paisaje diametralmente opuesto al temido o inventar paraísos futuros frente a la cochambre reinante. Sigue leyendo
Brindis (El País)
Mi amiga Rosa me envía un oportuno artículo de Manuel Vicent hoy en el País. Oportuno por el tiempo, pensamiento y circunstancia vital.
«Alguna gente madura, tal vez la más lúcida, suele pensar con acierto que lo mejor que tiene la juventud es que ya pasó. Fue una época breve y radiante, romántica y vigorosa, pero también llena de luchas, temores, dudas, celos y rivalidad. Alrededor de los 50 años, en cualquier biografía llega un momento en que el caballo de fuego que uno llevaba dentro comienza a perder la ansiedad en el galope y aun sin abandonar la curiosidad ante la vida siente que hay que tomarse las cosas con más calma. A qué viene tanta prisa, se dice a sí mismo una mañana. Sigue leyendo
Brindis (El País)
Mi amiga Rosa me envía un oportuno artículo de Manuel Vicent hoy en el País. Oportuno por el tiempo, pensamiento y circunstancia vital.
«Alguna gente madura, tal vez la más lúcida, suele pensar con acierto que lo mejor que tiene la juventud es que ya pasó. Fue una época breve y radiante, romántica y vigorosa, pero también llena de luchas, temores, dudas, celos y rivalidad. Alrededor de los 50 años, en cualquier biografía llega un momento en que el caballo de fuego que uno llevaba dentro comienza a perder la ansiedad en el galope y aun sin abandonar la curiosidad ante la vida siente que hay que tomarse las cosas con más calma. A qué viene tanta prisa, se dice a sí mismo una mañana. Sigue leyendo

